Cinco hábitos al dormir que pueden aumentar el riesgo de coágulos y ACV durante la noche

Puedes irte a dormir sintiéndote perfectamente bien, sin dolor en el pecho, sin mareos y sin ninguna señal de alarma. Sin embargo, durante las próximas siete u ocho horas, la forma en que duermes puede estar influyendo en tu corazón, tu respiración, tu presión arterial y tu circulación sin que lo notes. Hay hábitos nocturnos muy comunes que, en ciertas personas, pueden favorecer la formación de coágulos o aumentar el riesgo de un accidente cerebrovascular (ACV) o un infarto mientras duermes.

Repasemos cinco de ellos, desde el menos preocupante hasta el más relevante, y veamos qué puedes hacer al respecto.

5. Dormir con los brazos por encima de la cabeza

Parece inofensivo y, en la mayoría de los casos, lo es. Pero debajo de la clavícula y de la primera costilla existe un espacio estrecho por el que pasan nervios, arterias y venas que van del cuello a los brazos (el llamado desfiladero torácico). En algunas personas ese espacio es naturalmente más angosto, y mantener los brazos elevados durante horas puede comprimirlo. El síntoma más frecuente es despertar con la mano dormida, hormigueo o pesadez. En casos poco frecuentes, la compresión repetida puede dañar la pared de una arteria y favorecer coágulos.

Esto no significa que dormir así vaya a causar un ACV. Pero si amaneces con frecuencia con el brazo dormido, y sobre todo si hay dolor, debilidad, hinchazón, frialdad o cambio de color en la mano, consulta.

4. Dormir boca abajo

Para poder respirar tienes que girar la cabeza hacia un lado y mantener el cuello en esa posición durante seis u ocho horas. Por la columna cervical pasan las arterias vertebrales, que llevan sangre a la parte posterior del cerebro. En algunas personas, un giro excesivo y sostenido puede comprimir una de ellas y reducir el flujo, con mareos, vértigo o visión borrosa. Además, el peso del cuerpo sobre el tórax y el abdomen dificulta un poco la respiración. En personas mayores, con problemas cervicales o enfermedad vascular previa, conviene prestar atención.

Si duermes boca abajo y te despiertas con dolor o rigidez en el cuello, o con mareos, prueba a cambiar de posición. Dormir de costado, especialmente del lado izquierdo, suele ser una mejor alternativa.

3. Dormir deshidratado

Durante la noche pierdes agua al respirar, por la piel y, si hace calor, por el sudor. Cuando el cuerpo se deshidrata, la sangre se concentra, se vuelve más espesa y circula con más dificultad, lo que favorece la formación de coágulos en los vasos más pequeños. Esto cobra más importancia en personas mayores, con arterias más rígidas. De hecho, existe un pico de ACV en las primeras horas de la mañana, después de muchas horas sin beber.

La solución no es beber grandes cantidades de agua de noche, sino hidratarte bien durante el día. Toma un vaso grande al despertar, incluso antes del café, y luego pequeñas cantidades con regularidad, sin esperar a tener sed. Disminuye un poco la ingesta en las últimas horas antes de acostarte para no interrumpir el sueño. Boca seca, mucha sed al despertar u orina muy oscura son señales de que necesitas beber más.

 

 

 

 

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