Volví de mis vacaciones y encontré algo extraño en el piso del baño

 

 

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Retrocedí un paso, luego otro. No podía comprender qué era eso ni cómo había llegado ahí. Mi mente empezó a fabricar hipótesis a toda velocidad. ¿Un animal muerto? ¿Un hongo? ¿Alguna clase de plaga? ¿Algo que se hubiera colado por las cañerías? La imaginación, siempre tan generosa cuando uno está solo y asustado, empezó a llenar los huecos con escenarios cada vez más inquietantes. Pensé en películas de terror, en criaturas alienígenas, en enfermedades desconocidas. Me quedé parado en la puerta del baño, mirándolo desde una distancia prudente, sin atreverme a acercarme más ni tampoco a darle la espalda.

Pasaron minutos que se sintieron eternos. Cada vez que intentaba dar un paso adelante, algo en mí se resistía. No era solo repugnancia; era ese miedo primitivo a lo desconocido, ese instinto que nos avisa que quizás lo mejor sea mantenerse lejos hasta entender de qué se trata.

La búsqueda de una explicación

Finalmente decidí tomar mi teléfono. Desde el pasillo, con la mano temblorosa, saqué varias fotografías desde distintos ángulos. Luego me senté en el sillón de la sala y comencé a buscar en internet. Escribí descripciones: «masa amarilla en el piso del baño», «sustancia gelatinosa naranja en casa cerrada», «organismo extraño en baño sin uso». Al principio los resultados eran confusos. Aparecían artículos sobre humedad, sobre moho negro, sobre insectos. Ninguno coincidía con lo que estaba viendo.

Insistí. Cambié las palabras, subí las imágenes a foros especializados, revisé artículos de biología amateur. Y entonces, después de un buen rato hundido en la pantalla, encontré una fotografía que se parecía muchísimo a lo que tenía en mi baño. Debajo, un nombre que no había escuchado antes: moho mucilaginoso, también conocido como moho de limo o slime mold. Empecé a leer todo lo que caía en mis manos. Cuantos más ejemplos veía, más coincidencias notaba con aquella cosa amarillenta y ramificada que descansaba en mi piso.

Para mi sorpresa, descubrí que el moho mucilaginoso no es ni una planta ni un animal. Pertenece a una categoría extraña de organismos, casi olvidada en las clasificaciones tradicionales, que prospera en ambientes húmedos, cálidos y con poca ventilación. Puede desplazarse muy lentamente, alimentarse de bacterias y esporas, y aparecer aparentemente de la nada cuando las condiciones son las adecuadas. Un  baño cerrado durante siete días, con humedad acumulada y sin circulación de aire, resultaba ser el hábitat perfecto.

 

 

 

 

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