Dígale que ahí estaré. El restaurante era el tipo de lugar donde Valeria nunca había entrado. Techos altos, candelabros de cristal, meseros con guantes blancos. La hostes la miró de arriba a abajo con desdén, apenas disimulado antes de guiarla a un comedor privado. Patricia estaba esperando, impecable, en un vestido color perla. Había dos copas de vino ya servidas. Señorita Reyes, qué puntual, señora Montalvo. Valeria se sentó con la espalda recta, negándose a sentirse pequeña. Pedí por las dos.
Espero que no te moleste. El salmón aquí es excelente. Está bien. Patricia tomó un sorbo de vino estudiándola. Eres muy diferente de las otras niñeras. Lo sé. Los niños te adoran. La servidumbre te respeta. Has logrado en semanas lo que otros no lograron en meses. Patricia dejó su copa. Eres muy buena en tu trabajo. Gracias. Pero hay un problema. Ahí estaba el verdadero motivo de este almuerzo. ¿Cuál? Mi hijo está enamorado de ti. Las palabras cayeron entre ellas como piedras en agua tranquila.
Valeria mantuvo su expresión neutral, aunque su corazón latía dolorosamente. No sé de qué habla. Por favor, no me insultes con mentiras. Patricia se inclinó hacia delante. Lo he visto mirarte como si fueras aire y él se estuviera ahogando. Ha cancelado viajes internacionales. Está jugando fútbol en el jardín y tú lo miras de la misma manera cuando crees que nadie te ve. Valeria no podía negar lo obvio. Lo que yo sienta, no importa. Soy su empleada. Exacto. Eres su empleada.
Y ahí está el problema. Patricia suspiró. Valeria, pareces una buena muchacha, vienes de buena familia, tienes valores, amas a esos niños genuinamente. No creo que seas una buscafortunas. No lo soy. Lo sé. Por eso vine a hablar contigo como mujer a mujer, no como empleadora a empleada. El mesero trajo el salmón. Ninguna de las dos lo tocó. Mi hijo está confundiendo gratitud con amor, continuó Patricia. Tú le devolviste a sus hijos, lo hiciste sentir como padre otra vez.
Es natural que sienta algo intenso, pero esos sentimientos no duran. Yo nunca le pedí nada. Lo sé. Por eso confío en que entenderás lo que voy a decir. Patricia sacó un sobre del bolso, lo deslizó sobre la mesa. 2 millones de pesos. Valeria sintió que todo el aire salía de sus pulmones. 2 millones de pesos. Más de lo que ganaría en 10 años como maestra. suficiente para el tratamiento completo de su madre, suficiente para cambiar su vida.