¿Por qué? Para que renuncies y regreses a Puebla sin escándalos, sin dramas. Simplemente desaparezcas antes de que esto se vuelva más complicado. Y los niños, los niños son resistentes. Ya han sobrevivido a una madre que los abandonó. sobrevivirán a una niñera que se fue. Pero si te quedas, si Sebastián hace una locura como intentar formalizar algo contigo, el daño será permanente. ¿Qué daño? Patricia la miró con algo que casi parecía compasión. Piénsalo. Serás el chisme de cada evento social.
La mujer que atrapó al millonario. Sus socios perderán respeto por él. Sus negocios sufrirán. Y cuando el enamoramiento se acabe, porque siempre se acaba, ¿dónde quedarás tú? Humillada públicamente, sin trabajo, sin referencias, destruida. Valeria sintió cada palabra como un golpe físico, porque sabía que Patricia tenía razón. Esa era la realidad del mundo en que vivían. Yo no quiero su dinero. Entonces, hazlo por él. Si realmente lo amas, protégelo de sí mismo. Protégelo del escándalo. Protégelo de arruinar todo lo que construyó por una fantasía que no puede durar.
Valeria cerró los ojos. Los niños encontraremos otra niñera, una buena, te lo prometo. Alguien que cuide de ellos sin complicaciones. Ellos me necesitan, te necesitan ahora, pero con el tiempo te olvidarán. Así funcionan los niños. Valeria abrió los ojos. Había lágrimas amenazando con caer, pero se negó a llorarles frente a esta mujer. No voy a aceptar su dinero, señora Montalvo. Entonces, pero tiene razón en algo. Esto no puede continuar. Valeria se puso de pie. Renunciaré, pero no por su dinero, por mi dignidad.
salió del restaurante sin mirar atrás, dejando el sobre sin tocar sobre la mesa. Esa tarde, después de recoger a los niños del colegio, Valeria los llevó al jardín secreto. Los tres notaron inmediatamente que algo estaba mal. “¿Por qué estás triste?”, preguntó Santiago tocando su mano. Valeria se arrodilló frente a ellos. “Necesito decirles algo importante.” “No”, dijo Diego inmediatamente. “No, no, escúchenme, nos vas a dejar. Mateo tenía los puños cerrados. Todas se van. Mi mamá está muy enferma, explicó Valeria con voz temblorosa.
Necesito regresar a Puebla para cuidarla. Mentira, gritó Diego. Es mentira como las otras. No es mentira, mi amor. Dijiste que no te ibas a ir. Lo prometiste. Santiago empezó a llorar en silencio, las lágrimas corriendo por sus mejillas. Yo lo siento mucho. Valeria los abrazó a los tres mientras lloraban. Los amo tanto, pero a veces amar significa dejar ir. No te vayas, soyó Mateo. Por favor, por favor, no te vayas. Valeria lloró con ellos, sus corazones rompiéndose juntos en el invernadero que habían construido con esperanza.