—Claro —respondí con orgullo—. Es mi hijo.
Esa confianza fue mi error.
Pero también era mi protección.
El banco
El martes fui al banco con calma, sin coraje visible.
Solicité abrir una cuenta nueva únicamente a mi nombre y cancelar el acceso de cotitularidad en las cuentas conjuntas.
El gerente confirmó lo que yo ya sabía:
—Usted es el propietario principal. Tiene todo el derecho.
Firmé los documentos con serenidad.
No estaba robando nada.
Solo estaba recuperando lo que siempre fue mío.
La decisión de irme
Durante los días siguientes actué con normalidad para no levantar sospechas. Compré bolillos, barrí la banqueta, saludé vecinos.
Pero en silencio preparaba mi salida.
Hice copias de mis documentos.
Retiré efectivo en pequeñas cantidades.
Compré un boleto hacia Puerto Escondido, Oaxaca, para el lunes siguiente.