No me iba del país.
Me iba lejos.
Lo suficiente para empezar de nuevo.
También dejé una carta en manos de mi abogado, con instrucciones claras: debía entregarla una semana después de mi partida.
La madrugada final
El lunes, a las 3:30 a. m., desperté.
La hora de salida estaba anotada en mi libreta: 4:00 a. m.
Me vestí con pantalón oscuro y camisa ligera. Guardé el dinero y el boleto en un sobre dentro de mi chamarra. Tomé la maleta azul y caminé sin hacer ruido.
Antes de salir miré el pasillo oscuro.
Pensé algo que me dolió aceptar:
Ahí ya no había hogar.
Salí.
El taxi me llevó a la terminal. A las 5:00 a. m. el autobús partió rumbo a la costa.
Mientras la ciudad quedaba atrás, no sentí rabia.
Sentí libertad.
El despertar de Luis
Ese mismo lunes por la mañana, Luis intentó pagar cuentas en línea.
Transacción denegada.
Intentó otra vez.
Rechazada.