El médico revela que consumir leche en polvo puede hacerte.

La  leche en polvo está presente en muchos hogares desde hace décadas. Es práctica, dura mucho tiempo almacenada y puede utilizarse para preparar  bebidas, postres, panes, salsas y una gran variedad de recetas.

Sin embargo, alrededor de este alimento circulan numerosas afirmaciones sobre sus posibles efectos en la salud. Algunas tienen que ver con su procesamiento, otras con los ingredientes añadidos y otras, directamente, son mitos que conviene aclarar.

Entonces, ¿qué ocurre realmente cuando consumimos leche en polvo con frecuencia? ¿Es peor que la leche líquida? ¿Hay personas que deberían evitarla?

¿Qué es realmente la leche en polvo?

La leche en polvo se obtiene principalmente eliminando gran parte del agua presente en la leche líquida.

Antes de convertirse en polvo, la leche pasa por diferentes etapas de procesamiento y tratamiento térmico destinadas, entre otras cosas, a reducir microorganismos y permitir que el producto pueda conservarse durante mucho más tiempo.

Una de sus principales ventajas es precisamente esa: puede almacenarse durante períodos prolongados sin necesidad de refrigeración mientras el envase permanezca cerrado y se respeten las condiciones indicadas por el fabricante.

Pero no todas las leches en polvo son iguales.

1. Hay que prestar atención al azúcar y otros ingredientes

Uno de los primeros aspectos que debemos observar es la etiqueta.

La leche en polvo común no necesariamente contiene azúcar agregado. Sin embargo, existen preparados lácteos, productos saborizados y fórmulas instantáneas que pueden incorporar azúcar, maltodextrina, saborizantes u otros ingredientes.

Por eso, no conviene juzgar todos los productos de la misma manera.

Antes de comprar, revise la lista de ingredientes y la información nutricional. Cuanto más sencillo sea el producto, más fácil será saber exactamente qué estamos consumiendo.

 

 

 

 

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