Dedos que se ponen blancos con el frío: lo que tu cuerpo intenta decirte.

Sales del metro, hace apenas unos grados centígrados, y de repente… uno de tus dedos se pone blanco como la tiza. No sientes dolor de inmediato, pero este sorprendente cambio de color te hace preguntarte: ¿Es grave? ¿Les pasa esto a todas las mujeres? Buenas noticias: este fenómeno tiene un nombre, una explicación clara y, lo más importante, soluciones fácilmente disponibles.

Este fenómeno tan común que lleva un nombre importante

Lo que observas se llama síndrome de Raynaud . Detrás de este nombre algo técnico se esconde un mecanismo bastante sencillo: al exponerte al frío —o a un estrés intenso—, los pequeños vasos sanguíneos de los dedos se contraen repentinamente. La sangre deja de circular correctamente y el dedo cambia de blanco a azul, antes de recuperar su color rosado normal una vez que se restablece la circulación.

Por lo general, esto dura entre unos minutos y media hora. Así que no hay por qué alarmarse. Pero es mejor entender lo que está sucediendo que ignorarlo.

Desencadenantes cotidianos a tener en cuenta

El frío extremo es el principal enemigo. ¡Pero cuidado, no es el único! Tomar una lata de refresco fría de la nevera, entrar en una habitación con aire acondicionado en pleno verano o lavarse las manos con agua fría pueden desencadenar una crisis en personas sensibles.

El estrés emocional también influye: provoca la constricción de los vasos sanguíneos. Una reunión tensa, un día ajetreado… y los dedos reaccionan.

Síntomas típicos a tener en cuenta: – Uno o más dedos se ponen blancos – Sensación de entumecimiento u hormigueo – Sensación de frío intenso en el dedo afectado – Dolor leve o sensación de ardor al restablecer la circulación

 

 

 

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