No olvides la almohada
Muchas personas piensan que, si les duele el cuello, necesitan una almohada más alta y dura. Pero «más alta» no significa «mejor». Una investigación realizada en Japón describió lo que llamó «síndrome de la almohada del shogun»: las personas que usaban almohadas muy altas (de unos 12 cm, y más aún sobre 15 cm) presentaban más casos de disección arterial en el cuello, una lesión que favorece coágulos y derrames cerebrales. No hace falta que midas tu almohada con una regla: lo importante es que mantenga la cabeza alineada con la columna. De costado, imagina una línea recta desde la espalda hasta la cabeza; boca arriba, la almohada debe sostener el cuello sin empujar la cabeza hacia adelante. Puedes pedirle a alguien que te mire acostado para comprobar si tu cabeza queda torcida, muy levantada o muy caída.
Cuándo buscar ayuda
Si al despertar notas debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, visión borrosa repentina, dolor de cabeza intenso e inusual o la boca torcida, busca atención médica de inmediato.