Una familia hecha de mañanas tranquilas, calcetines diminutos, miedos compartidos y risas a carcajadas. Una familia construida con paciencia, dulzura y un amor que no siempre se ajusta a las reglas de los demás.
Si alguien que lee esto alguna vez duda de su propio valor, quiero que recuerde algo:
El mundo podría subestimarte cien veces.
Podría dudar de tus habilidades, de tu fuerza, de tu futuro.
Pero un día, harás algo hermoso que nadie esperaba.
Y ese momento hablará más fuerte que cualquier palabra cruel que hayas escuchado jamás.
A veces, todo lo que se necesita es un pequeño latido del corazón y un par de pequeñas manos alrededor de tu dedo para demostrar que el amor no necesita permiso.
Sólo necesita una oportunidad.