Ella se quedó mirando durante mucho tiempo.
"Parece... feliz", dijo en voz baja.
Eso fue todo.
Ninguna disculpa. Ningún discurso largo. Solo esa frase, más suave que la primera que me había lanzado.
No respondí.
No tuve que hacerlo.
Él estaba feliz.
Estamos felices.
Y esa es nuestra respuesta a cada crítica.
Porque aquí está la verdad:
No somos un error.
No somos una señal de alerta.
No somos una carga que haya que gestionar.
Somos una familia.