Las esporas viajan gracias a los insectos, el viento y las actividades humanas, especialmente el traslado de tierra, mantillo o material vegetal contaminado. Por eso su distribución se ha ampliado tanto en las últimas décadas, alcanzando Europa, América del Norte y Asia.
Qué hacer si aparece en tu jardín
Si te encontrás con Dedos del Diablo en tu jardín, no hay motivo para preocuparse. En general, el hongo desaparece por sí solo una vez que completa su ciclo reproductivo. Si su olor te resulta molesto o preferís retirarlo, alcanza con usar guantes de protección y desecharlo en una bolsa cerrada.
Para reducir la posibilidad de que vuelva a aparecer, podés tomar algunas medidas preventivas:
- Mejorar el drenaje del terreno para evitar la acumulación de humedad.
- Reducir la cantidad de mantillo o materia orgánica en exceso.
- Remover y airear el mantillo con regularidad para interrumpir el ciclo del hongo.
- Mantener el jardín limpio y libre de restos vegetales acumulados.
Otros hongos parecidos que suelen confundirse
Existen otras especies con aspecto igual de extraño que pueden generar confusión. El Clathrus columnatus (estinkhorn pulpo) y el Clathrus ruber (estinkhorn de canasta) son dos ejemplos de la misma familia. Todos comparten estructuras llamativas, olores desagradables y el mismo rol ecológico: descomponer materia orgánica y atraer insectos para dispersar sus esporas.
Cuándo consultar a un especialista
Aunque la mayoría de los hongos que aparecen en el jardín son inofensivos, hay situaciones en las que conviene consultar a un experto. Si notás un aumento inusual de crecimiento fúngico, si tus plantas empiezan a mostrar signos de deterioro o si tenés dudas sobre la identificación de una especie, un horticultor o micólogo local puede orientarte adecuadamente.