Salir al jardín y encontrarse con unos brazos rojos y viscosos brotando de una especie de huevo translúcido puede provocar un sobresalto considerable. Con su color intenso, su textura gelatinosa y su forma de estrella retorcida, este fenómeno parece sacado de una película de ciencia ficción. Sin embargo, no hay motivo para alarmarse: se trata de un hongo poco común pero completamente natural, con un rol ecológico definido.
Un espectáculo inquietante entre el mantillo
Los llamados «tentáculos» pueden medir entre 10 y 20 centímetros de largo y suelen presentar una capa viscosa y brillante. Emergen de un saco blanquecino con forma de huevo, del tamaño aproximado de una pelota de golf, que se abre por la mitad para liberar los brazos rojizos. Estos se extienden hacia afuera formando un patrón similar a una estrella o a los dedos de una mano abierta.
El contraste entre el rojo vibrante y los tonos oscuros del mantillo intensifica la impresión visual, dando la sensación de que algo vivo y extraño está creciendo justo debajo de nuestros pies.
El responsable: el hongo Dedos del Diablo
El causante de este curioso espectáculo es un hongo conocido científicamente como Clathrus archeri, popularmente llamado Dedos del Diablo. Pertenece a la familia de los hongos «stinkhorn» o falos hediondos, un grupo caracterizado por sus formas extravagantes y sus olores desagradables.
Originario de Australia y Nueva Zelanda, este hongo se ha expandido por diversas regiones del mundo, apareciendo en jardines, parques y bosques. Es un organismo saprófito, lo que significa que se alimenta de materia orgánica en descomposición, cumpliendo un papel importante en el proceso natural de reciclaje de nutrientes en el suelo.
Del huevo viscoso a los brazos rojos: su ciclo de vida
El ciclo comienza con la formación de una estructura ovoide llamada peridio, rellena de una sustancia gelatinosa que protege al hongo en desarrollo. Cuando el hongo madura, esta cubierta se abre y libera los brazos rojizos característicos.