Tanetschko, cómo entraste sola a la tienda?

Tanetschka, ¿cómo llegaste sola a la tienda? —preguntó la tía Masha—. Mamá estaba durmiendo y yo tenía hambre. La desperté una y otra vez, pero no se levantaba. Así que decidí buscar a alguien más. —Mamá, tengo hambre —se quejó Tanya, saliendo de debajo de la manta. El suelo estaba frío y entró de puntillas en la cocina. Mamá dormía en la mesa. Se había quitado una bota y su bufanda estaba en el suelo.

—Toma, mamá —dijo la niña, tirando de la manga. No se despertó. Tanya se subió al taburete y miró la mesa. Uf, solo un salero. Y la sal está amarga. Y nada de gachas. —Mamá —volvió a llamar y suspiró—. Bueno, iré a buscar a mi nueva mamá. Quizá me dé algo de comer… Se puso las medias y los pantalones de mi hermano. Me envolví la cabeza con el pañuelo de mi madre y me puse el abrigo de mi hermano. Ya no lo necesita; el año pasado, ella y su padre se ahogaron mientras llevaban leña para el hielo.

Salí al patio; estaba nevando. Intenté levantar la pala, pero pesaba mucho. Me arrastré entre los montones de nieve hasta la puerta, jadeando sin parar, y me colé por una pequeña grieta. Allí fue más fácil. Los senderos estaban bien transitados.
Ella se quedó parada en medio de la calle, negando con la cabeza, sin saber qué camino tomar. Decidió ir primero a la tienda. Antes de buscar a su nueva madre, tomaría algo. Quiere mucho a su madre, pero últimamente se le olvidan las cosas. A veces llama a su hermano por su nombre, o como hoy, no le da de comer.

Entró en la tienda. Allí trabaja la tía Masha. Tiene un aspecto gracioso, como un muñeco de nieve. Toda blanca, pero en vez de un cubo, lleva un sombrero enorme.
—Bailarina, ¿cómo has entrado sola en la tienda? —preguntó la tía Masha sorprendida—. Sí, mamá está durmiendo allí y tengo hambre. La despierto, la despierto, pero no se levanta. Así que decidí buscar otra tienda. Pero tengo que comer algo si tengo que buscar mucho tiempo. Dame unos caramelos —y pon tres kopeks en el mostrador—. ¿Te basta con eso?

La mujer tragó un trozo amargo y asintió. —Ya basta. Guárdalo en el bolsillo. —Satisfecha, Tanya se metió los caramelos en la boca y susurró—: Bueno, entonces sigo.

 

 

⬇️Para obtener más información, continúa en la página siguiente⬇️

Leave a Comment