Pero yo ya estaba llorando.
—¿Cómo pudiste hacerme esto?
Alejandro cerró los ojos.
—Porque fui un cobarde.
El gimnasio permanecía completamente en silencio.
Entonces continuó hablando.
Explicó que algunos compañeros le habían ofrecido dinero para participar en la broma.
Aceptó.
Pero después de visitar mi casa y conocer a mi madre, comenzó a sentirse culpable.
Durante las semanas previas al baile intentó retirarse del plan.
Cuando descubrió que algunos estudiantes pensaban grabar videos para humillarme públicamente, decidió denunciarlo al director.
La estudiante que había confesado aquella tarde confirmó toda la historia.
Los organizadores fueron identificados y sus teléfonos mostraban conversaciones, capturas y planes para ridiculizarme.
Por eso habían llegado los policías.
No para arrestar a Alejandro.
Sino para investigar el caso y recopilar pruebas relacionadas con el acoso escolar.
El director subió al escenario.
Su rostro reflejaba decepción.
—Lo que ocurrió esta noche es vergonzoso —dijo—. Ningún estudiante merece ser tratado de esta manera.
Luego ocurrió algo que jamás olvidaré.