La madre del millonario cayó de rodillas con el rostro lleno de miedo. “Por favor, basta”, suplicó entre lágrimas. La prometida la miró con desprecio, disfrutando del poder, creyendo que podía quebrarla frente a todos, pero no sabía que cada palabra, cada lágrima estaba siendo escuchada por alguien que no perdona. Y cuando el millonario entró, su mirada hizo temblar las paredes y a su prometida también.
El silencio en la mansión era un ente vivo, pesado y opresivo. Doña Isabel se miraba en el espejo monumental de su nuevo cuarto, un espacio tan vasto y frío que parecía un mausoleo de lujo. El vestido color vino que Alejandro le había insistido en comprarle se sentía como una armadura ajena. La tela ... Read more