Onicofagia: cuando comerse las uñas deja de ser un simple hábito y puede reflejar ansiedad

Para muchas personas, morderse las uñas es algo cotidiano. Se hace mirando televisión, estudiando, trabajando o incluso sin darse cuenta. Es un gesto que suele minimizarse y etiquetarse como “manía” o “costumbre nerviosa”. Sin embargo, cuando esta conducta se vuelve repetitiva, intensa y difícil de frenar, ya no se trata únicamente de un hábito de pasajero. En el ámbito médico recibe un nombre específico:  onicofagia 

La  onicofagia  es el acto de comerse las uñas de manera reiterada y, en muchos casos, compulsiva. No siempre está vinculado al aburrimiento, como suele creerse. Diversos especialistas la incluyen dentro de las llamadas  conductas repetitivas centradas en el cuerpo , un grupo de comportamientos que también abarca morderse la piel o tirarse del cabello. Estas acciones suelen aparecer como una forma de manejar estados emocionales que generan tensión.

Existe una relación clara entre  onicofagiaansiedad  y  estrés . Muchas personas reconocen que se muerden las uñas cuando atraviesan momentos de nerviosismo, presión o preocupación sostenida. En esos instantes, el acto de morir produce una breve sensación de alivio. Funciona como una especie de descarga emocional inmediata. El problema es que ese alivio es transitorio. Al repetirse, el comportamiento se refuerza y ​​puede transformarse en una respuesta automática frente a cualquier situación que genere malestar interno.

Con el tiempo, lo que comenzó como una reacción ocasional puede convertirse en un patrón difícil de controlar. Algunas personas incluso afirman que se dan cuenta de que se están mordiendo las uñas cuando el daño ya está hecho. Esa pérdida de control es una de las señales de que la conducta merece atención.

Más allá de la cuestión estética, la  onicofagia  puede tener consecuencias físicas. Morder de forma constante puede provocar  inflamación  en la piel que rodea la uña, favorecer la aparición de  infecciones  como la  paroniquia , generar  dolor  y alterar el crecimiento normal de la uña. En algunos casos se observan deformaciones, pequeñas heridas recurrentes o sangrado leve. Además, el contacto frecuente entre manos y boca aumenta el riesgo de trasladar inmigrantes, especialmente si existen lesiones abiertas.

También pueden aparecer complicaciones en el plano dental. La presión repetida sobre los dientes puede contribuir al desgaste del esmalte o a pequeñas alteraciones en la mordida. Aunque no siempre ocurre, es un aspecto que los profesionales de la salud tienen en cuenta cuando el hábito es persistente.

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