Lo que cambió para siempre
Desde ese día, ya no temo a la muerte.
Pero sí temo llegar sin haber vivido bien.
No porque exista un infierno de fuego,
sino porque existe algo peor:
un lugar donde no puedes esconderte de quién fuiste realmente.
Cuando la gente me pregunta cómo es el cielo, no sé qué responder.
Solo digo la verdad:
—No es como creemos.
Y si tienes algo que reparar en tu vida… hazlo ahora.
Porque seis minutos fueron suficientes para enseñarme que el tiempo que creemos tener…
es una ilusión.