Eran documentos legales.
Donación irrevocable.
La casa ya no estaba a mi nombre.
¿Qué es esto? —preguntó él.
Lo miré con calma.
Hace meses doné la casa a una fundación.
Silencio.
¿QUÉ? —gritó su esposa.
Yo sigo viviendo aquí —continué—,
pero legalmente… ya no es mía.
La caída
Su sonrisa desapareció.
¡No puedes hacer eso! —dijo él.
Ya lo hice.
Su esposa dio un paso adelante.
—Voy a llamar a la policía —amenazó—. Esto es fraude.
La miré sin moverme.
—Hazlo.
El final
No llamaron.
No podían.