Porque todo era legal.
Y por primera vez…
mi hijo no tenía nada que pedirme.
Ni casa.
Ni dinero.
Ni excusas.
Solo silencio.
Epílogo
Ese día entendí algo que duele…
pero libera:
No todos los hijos crecen para cuidarte.
Algunos crecen…
para ver qué pueden quitarte.
Y a veces…
el mayor acto de amor propio…
es aprender a decir:
“Hasta aquí.”