No era la casa.
Era él.
La calma
Sonreí.
Claro —le dije—. Déjame traer algo de la cocina.
Se relajó.
Pensó que ya había ganado.
El giro
Regresé con una carpeta.
La dejé sobre la mesa.
Antes de firmar… lee esto.
Frunció el ceño.
Su esposa, que estaba de pie detrás, se acercó también.
Abrieron la carpeta.
Y entonces…
su expresión cambió.
La verdad
No eran papeles de propiedad.