No heredé solo dinero.
Heredé una responsabilidad…
y una verdad que pocos entenderían:
No me casé por ambición.
Me casé para convertirme en el guardián de un legado.
A veces, por la noche, recuerdo sus palabras:
—“Alejandro, la verdadera herencia no es lo que posees…
sino a quién decides proteger.”
Y entonces entiendo que, aunque el mundo nunca lo apruebe…