—Hace tres meses, casi me muero —empezó Hugo, mirándonos—. Mi corazón se paró. Estaba clínicamente muerto. Pero tú, Linda, te negaste a rendirte.
Me cogió la mano sobre la mesa.
—Tú me devolviste la vida, pero hiciste algo más importante: me enseñaste para qué sirve la vida. No es para acumular empresas, ni para mirar gráficos de bolsa. Es para esto. Para estar aquí, un martes por la tarde, con la gente que te importa.
Suspiró y continuó, con un brillo de determinación en los ojos.
—Mientras nos celebran a los empresarios como “visionarios”, nos olvidamos de los verdaderos héroes. Gente como tú, Linda. Gente que trabaja en festivos, que se pierde los cumpleaños de sus hijos, que sacrifica su bienestar mental y físico para cuidar de desconocidos. Eso se acaba hoy. Al menos en mi empresa.
Señaló los documentos.
—Quiero presentaros el “Fondo Héroes de la Salud”. Una dotación inicial de 50 millones de euros para apoyar a los trabajadores sanitarios en España.
Mis ojos se abrieron como platos. Marcos soltó un silbido de asombro.
—¿Cincuenta millones? —preguntó Marcos.
—Es solo el principio. El fondo cubrirá bonos especiales para festivos (para que realmente valga la pena trabajarlos o se pueda pagar ayuda en casa), servicios de salud mental gratuitos e ilimitados, asistencia para el cuidado de niños y mayores, y permisos familiares ampliados y pagados.
Hugo me miró fijamente.