La niña de barrio que dejó sin palabras al juez hablando 11 idiomas

 

 

—Los profes que vienen son pesados —comentó Nancy—. Los escuché en la radio. Quieren “desenmascarar a la impostora”. No juegan limpio.

Jimena acarició las portadas.

—No necesito que jueguen limpio —dijo—. Solo necesito que me den la pelota.

Esa noche no dormió. Cata le llevaba agua y pan duro desde el comedor.

—Ya, hija, duérmete un rato —insistió—. Te vas a desmayar en plena sala.

—Mi abuela cruzó medio mundo limpiando baños ajenos —respondió Jimena, sin levantar la vista del texto en árabe—. Lo mínimo que puedo hacer es cruzar estas páginas.

En el pasillo, las internas empezaron a golpear las puertas de metal, marcando un ritmo.

—¡Demuéstrales, Jimena! —gritó una.

—¡No dejes que te hagan menos! —otra.

Por primera vez desde que llegó, no se sintió sola.

Tres días después, la Sala 14 parecía un circo romano. Cámaras por todos lados, hashtags en las pantallas de los noticieros: #LaNiñaDeLosIdiomas, #JusticiaParaJimena.

En la primera fila, diez académicos de la UNAM y del COLMEX lucían trajes sobrios, gafas serias y la expresión de quien está por demostrar una teoría: que una morra sin diplomas no puede ser más lista que ellos.

 

 

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