La niña de barrio que dejó sin palabras al juez hablando 11 idiomas

 

 

Y entonces el juez soltó la carcajada.

No fue una risita discreta, fue una carcajada plena, de esas que duelen de puro cinismo.

—Claro, claro… —dijo entre risas—. Y yo soy presentador de noticiero en mandarín. Esta corte es de justicia, no La Voz México. No vamos a convertir esto en show.

Jimena apretó los puños.

—¿Le parece un show la justicia, su señoría? —soltó, sin pensarlo.

La risa se cortó en seco. Hasta las cámaras dejaron de moverse.

El juez entornó los ojos.

—¿Cómo dijo?

—Que si le parece un show la justicia —repitió ella, sin bajar la mirada—. Usted ya se rió de mí, ya me llamó mentirosa, ya decidió que una chava de Iztapalapa no puede hablar más que español “mocho”. Todo eso sin escucharme. Sin ver una sola prueba. Si eso no es circo… no sé qué sea.

El alguacil dio un paso al frente, listo para callarla, pero Barragán alzó la mano.

Había algo en esa chamaca flaca, algo en esos ojos necios que no se doblaban, que le picaba el orgullo.

—Muy bien, señorita Álvarez —dijo al fin, recargándose en su silla—. Quiere circo, tendrá circo. Ordeno que en tres días se presenten en esta sala diez profesores de la UNAM y del Colegio de México, especialistas en diez idiomas distintos. Y usted —señaló a Jimena— tendrá su gran oportunidad. Aquí, frente a todos, va a demostrar lo que dice… o va a quedar como la mentirosa más famosa de México.

 

 

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