—¿Y qué relación tiene con él?
La mujer bajó la mirada.
—Era su esposa.
Mi corazón se hundió.
De pronto comprendí.
La tarjeta rechazada.
La nota.
La actitud nerviosa de la mesera.
Todo.
—¿Él me invitó a salir porque me parezco a ella?
La recepcionista no respondió.
Y ese silencio fue peor que cualquier respuesta.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.
Me sentí utilizada.
Engañada.
Como si toda la noche hubiera sido una mentira.
Entonces escuché una voz detrás de mí.
—No.
Me giré.
Era él.
Se había quedado parado en el pasillo.
Tenía los ojos húmedos.
—No fue por eso.
—¿Entonces por qué?
Guardó silencio unos segundos.