Estaba en una cita y él fue muy amable. Cuando llegó la cuenta, la mesera lo miró y le dijo: «Disculpe, su tarjeta fue rechazada». Él palideció. Sonreí y pagué. Al irnos, la mesera tomó mi brazo y susurró: «Yo mentí». Entonces me deslizó el recibo en la mano. Lo di vuelta… y con letra apurada había 2 palabras.
«SIGUELO HOY.»
Me quedé congelada.
—¿Qué? —pregunté.
Pero la mesera ya se había alejado hacia el interior del restaurante.
Guardé el recibo en mi bolso sin decir nada.
Él estaba esperándome junto a la puerta, sonriendo.
—¿Todo bien?
—Sí… claro.
Sin embargo, algo había cambiado.
Durante toda la cena había sido encantador. Educado. Atento. Divertido.
Pero ahora no podía dejar de pensar en aquellas dos palabras.
«Síguelo hoy.»
¿Por qué una desconocida me diría algo así?
Intenté olvidarlo.
Caminamos unas cuadras conversando hasta llegar a la estación de tren.
—Me divertí mucho esta noche —dijo.
—Yo también.
Me abrazó brevemente.