El verdadero acto simbólico
Un mes después vendí la casa.
No lo hice impulsivamente.
Fue un proceso legal normal.
Compré una casa rodante modesta.
Antes de partir fui al cementerio.
No quemé dinero.
No quemé herencia.
Quemé el cuaderno azul.
Quemé cuarenta años de chantaje.
—No te culpo —le dije a Verónica—. Amabas como sabías.
Las cenizas volaron sobre la nieve.
Ese fue el verdadero cierre.
Un nuevo rumbo
Conduje hacia el sur.
Nunca vimos el mar.
Ahora lo vería por los dos.
No partí con odio.
Partí con claridad.
La vida no terminó.
Simplemente dejó de estar construida sobre una mentira.