—Cámara. La instaló la semana pasada. Dice que es un sensor, pero no lo es. Solo cubre el salón; el pasillo de servicio queda fuera del ángulo.
—Nos está mirando ahora mismo.
La actuación
Llegó un mensaje: que encendiera la luz, que quería ver a Leo.
Leo fue directo:
—Abofetéame. Y finge que estás fuera de control.
Lo hice.
Actuamos una escena caótica y convincente frente a la cámara. Yo delirando, él llorando.
Javier respondió con falsa preocupación y me dijo que durmiera, que no abriera la puerta.
Nos estaba empujando a morir lentamente.
La prueba definitiva
En el punto ciego de la cámara, Leo sacó una tableta escondida.
Había accedido a las sincronizaciones de su padre semanas atrás, observando en silencio. Esa mañana, al confirmar el plan, envió toda la evidencia en tiempo real.
Ahí estaban los mensajes con Clara: el regulador flojo, la vela aromática, el seguro, el viaje falso.
Y una foto: una prueba de embarazo.
Algo se quebró dentro de mí.
Y algo nuevo nació.
—Grábame —le dije—. No vamos a huir. Vamos a sobrevivir y a exponerlo.