El regreso de Javier
Leo rastreó el GPS del auto.
El punto dio la vuelta.
—Nunca iba a Barcelona —dijo—. El viaje era una coartada. Solo necesitaba tiempo para que todo pareciera un accidente.
En veinte minutos estaría de regreso.
Ya no vendría a comprobar nada.
Vendría a matarnos.
Prepararse para sobrevivir
Leo abrió un escondite: herramientas, un spray de guindilla casero y un táser que había robado meses atrás, aprovechando que su padre bebía por las noches.
—Si se acerca, no dudes.
Nos escondimos fuera del ángulo de la cámara y dejamos la silla de ruedas volcada como señuelo.
Sillasde ruedas
Esperamos.
El enfrentamiento