«Sé que después de mi partida intentarás conservar todo lo que nos pertenece.»
«También sé que te costará seguir adelante.»
«Por eso escondí esta carta.»
«Quiero que recuerdes algo importante.»
«El amor no vive dentro de los objetos.»
«No vive en una casa, en una fotografía o en un automóvil.»
«Vive dentro de las personas que compartieron esos recuerdos.»
«Si algún día decides dejar ir este coche, no significará que me olvidaste.»
«Significará que finalmente entendiste que siempre estaré contigo.»
Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.
Treinta años.
Treinta años aferrado a aquel coche.
Y durante todo ese tiempo, la respuesta había estado escondida a pocos centímetros de mí.
Seguí revisando la caja.
Había decenas de fotografías que jamás había visto.
Fotos de Elena preparando sorpresas para mí.
Fotos de nuestras vacaciones.
Fotos de Daniel cuando era pequeño.
Y entonces encontré algo más.
Un pequeño cuaderno.
Dentro había una cuenta de ahorros abierta por Elena años antes de morir.