—Papá, es solo un coche —me repetía.
—No para mí.
—Estás viviendo en el pasado.
—Estoy cuidando algo que amé.
Con los años nuestras discusiones se volvieron más frecuentes.
Daniel se casó con Claire y comenzó a preocuparse más por el dinero que por los recuerdos.
Yo intentaba no juzgarlo.
Cada generación ve la vida de manera diferente.
Pero jamás imaginé hasta dónde llegaría.
Una noche discutimos más fuerte de lo habitual.
—Ese coche vale una fortuna para los coleccionistas —dijo.
—No está en venta.
—¿Y para qué lo quieres?
—Porque fue de tu madre.
—Mamá murió hace treinta años.
Aquellas palabras me atravesaron como una cuchilla.
—Precisamente por eso.
Daniel negó con la cabeza y se marchó.
No volvimos a hablar durante varias semanas.
Hasta aquella mañana.
La peor mañana de mi vida.
Abrí la puerta que daba al garaje y sentí que el mundo se detenía.