Por alguna razón, sus padres estallaron en carcajadas ante su espontaneidad infantil y le explicaron con paciencia que Artyom era solo un vecino, un amigo. Pero ¿cómo iba a explicarles a todos sus amigos del jardín de infancia que Artyom no era su hermano, como les había dicho con orgullo, sino solo un vecino? ¡Era tan difícil e injusto!
Una historia similar, similar a la que se refleja en el espejo, ocurrió en la familia de Artyom cuando nació su hermana pequeña, Lisa. Su padre, un hombre estricto pero justo, dijo que Artyom, como el mayor, ahora sería responsable de protegerla, defenderla y ayudarla en todo. El niño, tras pensarlo, preguntó con su tono serio:
¿Y qué pasa con Anna? ¿Quién la protegerá si necesito a Lisa ahora?
"¿Anna?" El padre no entendió inmediatamente.
—Bueno, sí —asintió Artyom con terquedad—. ¿Quién protegerá a Anna si necesito a Lisa ahora?
Papá sonrió suavemente ante su lógica infantil y abrazó a su hijo por los hombros:
"Creo que eres grande y fuerte, puedes proteger tanto a Anna como a Lisa. Eres un verdadero héroe, después de todo."
El niño asintió satisfecho, tomando esto como una orden directa para actuar, pero su padre agregó en un tono más serio:
- Pero no lo olvides, hijo, Anna es sólo tu vecina, una buena amiga, y Lisa es tu sangre, tu hermana.
Artyom también estaba profundamente desconcertado por la extraña palabra "vecino". Pensaba que solo se refería a las abuelas mayores que vivían en la planta baja y le daban dulces. Pero ¿qué tenía que ver esto con Anna, con quien había sido inseparable desde la infancia, compartiendo todos sus juguetes y secretos?