La pérdida repentina de la visión en un ojo, incluso sin dolor, puede indicar un infarto ocular. Se trata de una emergencia médica que nunca debe ignorarse.
Una pérdida repentina de la visión en un ojo, sin dolor, puede parecer sorprendente. Sin embargo, este síntoma dista mucho de ser inofensivo. A menudo subestimado, un infarto ocular es una verdadera emergencia médica que puede provocar una pérdida irreversible de la visión si se retrasa el tratamiento. A continuación, se describen los signos que debe reconocer y los pasos a seguir.
Un derrame cerebral también puede afectar al ojo.

Un infarto ocular, también llamado oclusión de la arteria o vena retiniana, ocurre cuando el flujo sanguíneo se interrumpe repentinamente en los vasos de la retina. Esta interrupción suele ser causada por un coágulo de sangre o una disminución significativa del suministro de oxígeno. Al igual que en un accidente cerebrovascular, cada minuto cuenta, ya que la retina es particularmente sensible a la falta de oxígeno.
Existen varios tipos de infarto ocular, cuyas consecuencias varían según el vaso sanguíneo afectado.
El tipo más grave es la oclusión de la arteria central de la retina. A menudo comparada con un infarto, se produce cuando la arteria principal que irriga la retina se bloquea repentinamente. El resultado es una pérdida de visión súbita, indolora y casi total en un ojo. La visión se vuelve extremadamente borrosa o desaparece por completo. Sin el restablecimiento rápido del flujo sanguíneo, el daño puede volverse irreversible en tan solo unas horas.