La forma más común es la oclusión de la vena central de la retina. En este caso, se interrumpe el drenaje sanguíneo. La disminución de la visión puede aparecer de forma repentina o gradual. A veces es menos grave que en la forma arterial, pero sigue siendo seria. Puede ir acompañada de hemorragias y edema retiniano que pueden provocar daños permanentes.
Finalmente, algunas oclusiones afectan solo a una rama arterial o venosa. Estas provocan la pérdida de parte del campo visual, creando un punto ciego llamado escotoma
Una emergencia que a menudo revela un problema vascular.

Cualquiera que sea la forma que adopte esta pérdida repentina de visión, siempre debe considerarse una emergencia médica .
Las causas son numerosas, pero suelen estar relacionadas con problemas en los vasos sanguíneos. Entre los principales factores de riesgo se encuentran la aterosclerosis, la hipertensión arterial, la diabetes, el glaucoma, ciertos trastornos de la coagulación y las enfermedades inflamatorias que afectan a los vasos sanguíneos. Un coágulo originado en el corazón o en las arterias carótidas también puede provocar esta obstrucción.
Según el Dr. Gérald Kierzek, médico de urgencias y director médico de Doctissimo, un infarto ocular nunca ocurre por casualidad. Puede ser el primer síntoma de un problema cardiovascular más general. Por ello, se suele realizar un estudio completo para determinar la causa de la oclusión, que incluye un electrocardiograma, una ecografía carotídea y análisis de sangre.