Por primera vez en años, recordó a su abuelo.
Recordó la casa vendida.
Recordó las lágrimas.
Recordó el motivo por el que había decidido estudiar medicina.
Aquella noche renunció a su empleo.
Tiempo después, comenzó a trabajar en una pequeña clínica comunitaria, donde el salario era mucho menor, pero donde, por fin, volvió a sentirse médico.
Y cuando regresó al pueblo para pedir perdón, encontró a un anciano que, pese al dolor, nunca había dejado de amarla.
Porque algunas personas sacrifican sus bienes por amor.
Y otras necesitan perderlo todo para comprender el verdadero valor de ese sacrificio.