Una pareja con síndrome de Down se convierte en padres y silencia a las críticas

 

 

Me propuso matrimonio con un anillo de plástico que apenas podía sostener en sus manos. Temblaba tanto que casi lo deja caer, pero su voz era firme cuando preguntó: "¿Quieres ser mi esposa?".

Dije que sí antes de que pudiera terminar la frase.

Esa fue la parte fácil.

La parte difícil llegó cuando empezamos a hablar de tener un bebé.

Los médicos no gritaron.

No nos insultaron.

Simplemente nos miraron con esa mirada. Esa mirada llena de lástima, preocupación y silenciosa desaprobación.

Utilizaron palabras como “incapaz”, “demasiado arriesgado”, “demasiado dependiente”.

No estaban seguros de que pudiéramos manejar las noches de insomnio, las decisiones médicas, el dinero o el estrés.

Pensaron que el amor no sería suficiente.

Pero nadie te dice lo fuerte que puede llegar a ser el amor cuando todos esperan que fracase.

No ignoramos sus preocupaciones. Las tomamos en serio.

 

 

 

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