Pero cuando llegó, surgió el pánico.
Eli escapó.
"Se enteró de que lo iban a trasladar", explicó la maestra. "Se asustó y se fue esa noche".
El pánico se apoderó de Isabella.
Por primera vez en años, abandonó todas las pretensiones: ni seguridad, ni conductor.
Ella misma recorrió la ciudad, gritando bajo la lluvia: "¡Liam! ¡Elai! ¡Por favor, regresa!"
Pasaron horas antes de que lo encontrara, debajo del puente, temblando junto a una pila de mantas viejas, sosteniendo su colgante.
Walter, el anciano que lo cuidaba, murió anoche.
El rostro de Eli estaba pálido por las lágrimas.
"Dijo que mamá vendría a buscarme", susurró el niño. "Pero nunca vino".
Isabella se puso en contacto con otras personas antes de empezar.
"Está aquí", dijo con voz temblorosa. "Soy tu madre, Liam. Nunca dejé de buscarte".
Los ojos del niño se abrieron, con una mezcla de incredulidad y miedo en ellos.