El FBI le colocó a Helena un pequeño transmisor oculto en el forro de su chaqueta. Mientras se acercaba al almacén, los agentes se posicionaron alrededor del perímetro, sombras silenciosas esperando su momento.
Dentro, el espacio cavernoso estaba frío y retumbaba con ecos. Helena se quedó sola junto a una banda transportadora oxidada cuando se oyeron pasos. Marcus Carter entró, escoltado por dos guardias. Se veía pulcro, compuesto y aterradoramente tranquilo.
—De verdad debiste mantenerte fuera de esto —dijo.
—Intentaste asesinar a Emily —respondió Helena—. ¿Por qué?
Marcus suspiró, como si fuera una molestia.
—Estaba husmeando asuntos de la compañía que no entendía. Amenazó con exponer alianzas que mantienen a este país… y a mi negocio… funcionando.
—¿Así que activaste el Protocolo Willow?
La mandíbula de Marcus se tensó.
—Le ofrecí un acuerdo de confidencialidad. Se negó. Las acciones tienen consecuencias.
Helena dio un paso más.
—¿Entonces la atacaste tú mismo?
Marcus la miró directo a los ojos.
—Hice lo necesario para proteger todo lo que construí.