Nadie en la mansión de la montaña imaginaba lo que ocurría bajo sus pies. Mientras el lujo brillaba en los salones y perfumes caros inundaban el aire, un secreto capaz de destruirlo todo se escondía en el sótano.
Clara, la nueva empleada, llegó esa mañana con la esperanza de conservar el trabajo que tanto necesitaba. Sabía que entre las paredes de mármol y las crueles órdenes de la dueña de la casa, algo oscuro se cernía en el silencio. La esposa del millonario, Verónica, parecía disfrutar humillando a los demás.