Esas tres palabras atormentaron a Juan. No creía en lo sobrenatural, pero la muerte de Claudia le hizo preguntarse si algo inusual estaba sucediendo.
Revisó la habitación; la esquina no mostraba nada extraño, solo una pared vieja y desgastada. Recordó las palabras de Diego y sintió un escalofrío que le recorrió la espalda.
Para asegurarse, llevó a Diego a la pediatra Dra. Ana Morales, de 45 años, en una clínica cercana. Tras el examen, la doctora concluyó que Diego estaba sano, sin síntomas de enfermedad.
“Quizás el niño esté reaccionando a algún cambio”, dijo. “Te recomiendo que consultes con un psicólogo infantil para una evaluación más profunda”.
Juan asintió, pero tenía el corazón pesado.
En el centro de psicología, la especialista Mariana Torres, de 38 años, trabajó con Diego. Le preguntó con amabilidad:
Diego, ¿te gusta estar en la esquina? ¿Qué ves ahí?
Diego permaneció en silencio y dibujó una imagen: una mujer borrosa junto a un niño.
—Soy mamá —dijo Diego suavemente.
Juan, sentado afuera, sintió un dolor profundo. El psicólogo le explicó: