Sentí que mi corazón se detenía.
Uno de los policías observó a Alejandro.
—Necesitamos hablar contigo un momento.
El rostro de Alejandro se puso completamente pálido.
Yo estaba confundida.
—¿Qué ocurre? —pregunté.
El oficial me miró sorprendido.
—¿No te lo ha contado?
Miré a Alejandro.
Parecía nervioso.
Muy nervioso.
Por un instante pensé que había cometido algún delito.
Quizás había robado algo.
Quizás había mentido sobre quién era.
Quizás todo aquello había sido una farsa.
—Alejandro —susurré—. ¿Qué está pasando?
Él bajó la mirada.
Y entonces el oficial explicó la situación.