Las pantallas estaban llenas de advertencias rojas:
TRANSACCIÓN PENDIENTE.
VERIFICACIÓN EN CURSO.
BLOQUEO TEMPORAL POR AUDITORÍA EXTERNA.
—No sabemos, señor —dijo Carlos Lemus, el director joven, pálido—. Llamamos a Fondo Azul y dijeron que todo queda en pausa hasta nuevo aviso.
Roberto apretó la mandíbula.
—¿Quién dio esa orden?
Nadie quería decirlo. Pero el miedo es un animal que te obliga a hablar.
—Amaranta Salas —susurró Elena Téllez.
El nombre flotó en la sala como una sentencia.
Roberto frunció el ceño, genuinamente confundido.
—¿Quién?
Carlos tragó saliva.
—La mujer del lunes.
Roberto soltó una carcajada incrédula, pero le salió rota.
—¿La “asistente” con carpeta azul?
Nadie lo corrigió. No por desprecio a ella. Por terror a la verdad.
Carlos abrió una ventana en la laptop y mostró un código de control.
—Ella tiene acceso directo al comité de validación. Sin su firma… no podemos mover ni un centavo de los cinco mil millones.