Menos fuerza, más fatiga, movimientos menos seguros… La sarcopenia también aumenta el riesgo de caídas y fracturas, y puede afectar el metabolismo general. Y, como suele ocurrir, está relacionada con otros desequilibrios como el exceso de azúcar, el aumento de peso o una disminución general de la energía. ¿
Por qué ocurre esto… y a quién?
Si bien los músculos tienden a atrofiarse gradualmente a partir de los 30 años (¡sí, ya!), el proceso se acelera especialmente alrededor de los 60. ¿La causa? Un cóctel de factores, a menudo combinados:
Es simplemente el paso del tiempo…
Con la edad, ciertas hormonas beneficiosas para los músculos (como el IGF-1 o la hormona del crecimiento) disminuyen. La recuperación muscular es más lenta, la absorción de nutrientes se vuelve menos eficiente… en resumen, el cuerpo se ralentiza.
Hábitos que no son muy "amigables con los músculos"
Saltarse comidas, evitar las proteínas, no hacer suficiente ejercicio o pasar demasiado tiempo sentado o inactivo: todos estos son pequeños hábitos que debilitan los músculos. La inactividad es incluso el principal factor de riesgo. Y no olvidemos la deficiencia de vitamina D, muy común en Francia, que también afecta el tono muscular.
Algunas enfermedades silenciosas
: la diabetes, los trastornos tiroideos, la inflamación crónica o las enfermedades neurodegenerativas pueden acentuar la pérdida muscular, a veces sin síntomas inmediatos.
¿Cómo puedes saber si tus músculos están empezando a debilitarse?
¡No se necesitan máquinas sofisticadas para detectar las primeras señales! Aquí tienes algunas señales de advertencia a las que debes prestar atención:
Tienes dificultad para levantarte de un sillón sin echar a correr;
Subir un tramo de escaleras te deja más sin aliento que antes;
Tus brazos o muslos parecen menos "tensos" que antes;
Tienes tendencia a tropezar, a perder el equilibrio;