Estás tranquilamente sentado en la terraza, la tarde es apacible, todos se divierten... Y al día siguiente, siempre es lo mismo: tú cuentas las inyecciones mientras los demás no tienen ninguna. ¿Injusticia? Para nada. Si parece que los mosquitos te tienen en la mira, no es ni coincidencia ni mala suerte. Tu cuerpo simplemente está enviando señales a las que son muy sensibles.
Los mosquitos nunca pican al azar.
Cada ser humano emite una combinación única de señales químicas y térmicas. Algunas personas, a pesar de sí mismas, son mucho más visibles que otras.
Dióxido de carbono: la llamada número uno

Con cada respiración, liberamos dióxido de carbono (CO₂). Los mosquitos son extremadamente sensibles a esto. Cuanto más emitas, más fácil será identificarte.
Las personas altas, con mayor masa corporal o que se mueven mucho producen más CO₂. Tras la actividad física, la combinación de calor y respiración acelerada se convierte en un auténtico imán para los mosquitos.