La edad no es una sentencia
Como demuestran muchas personas que llegan a los 80 o 90 años con lucidez y entusiasmo, el envejecimiento no se mide únicamente en el calendario. Las decisiones cotidianas —cómo nos movemos, qué comemos, con quién hablamos, qué pensamos al despertar— construyen, día a día, la versión de nosotros mismos que mostramos al mundo.
Revisar estos nueve hábitos puede ser el primer paso para vivir esta etapa con más libertad, salud y alegría. Nunca es tarde para comenzar.