“No me lastimes, estoy herida” suplicó la millonaria… y la reacción del padre soltero la dejó…
¿Qué señor? El que sale contigo en las revistas. Papá las esconde, pero las vi. Ese señor no significa nada. Papá sí significa. Todo. Papá significa todo. Y yo, tú eres mi mundo, Sofía. La niña sonrió débilmente. Puedes quedarte hasta que venga papá. No me voy a ningún lado. Eso dijiste antes. Otro cuchillo. Esta vez es diferente. ¿Por qué? Porque antes tenía miedo. Ya no. ¿Miedo de qué? De ser feliz. Sofía cerró los ojos. Yo también tengo miedo.
¿De qué, mi amor? ¿De morirme como mamá? de dejar solo a papá. Valentina se quebró. No te vas a morir. No lo permitiré. Prometes. Prometo. Con el meñique. Entrelazaron meñiques. Ritual sagrado de la infancia. Diego entró corriendo el rostro desencajado de pánico. Se congeló al ver a Valentina. ¿Qué haces aquí? ¿Qué haces aquí? Diego repitió su voz mezcla de dolor y esperanza. La escuela no podía localizarte. Laura me avisó. No tenías que venir. Sí tenía. Papá. Sofía abrió los ojos.
No peleen. No estamos peleando, princesa. Diego tomó su mano evitando mirar a Valentina. El doctor entró. Señor Morales, necesitamos hablar. Dígame aquí. Ella es familia. Sofía tiene neumonía severa. Su sistema inmune está comprometido. Necesitamos internarla inmediatamente. ¿Compret, Valentina? intervino. Malnutrición leve, estrés, posible predisposición genética. La madre tuvo problemas inmunológicos. Cáncer. Diego susurró. Pero dijeron que no era Ger. No el cáncer, pero la debilidad inmune puede serlo. Necesitamos hacerle estudios especializados. Hagan todo lo necesario. Valentina dijo. El seguro básico no cubre.
Yo cubro todo. Soy Valentina Herrera, CEO de Farmacéutica Azteca. Esta niña recibe el mejor tratamiento disponible. El doctor reconoció el nombre. Por supuesto, señora Herrera. Cuando salió, Diego explotó. No necesitamos tu caridad. No es caridad, es amor. Amor, ¿dónde estuvo tu amor estas tres semanas? Protegiéndolos. ¿De qué? ¿De ser felices? ¿De mi desastre? ¿De Rodrigo? Del consejo. Y funcionó. Están protegidos. Mírale, está enferma de tristeza. No digas eso. La verdad, Sofía cree que la abandonaste como su madre.
No come bien, no duerme. Se la pasa dibujando esperando que regreses. Valentina se derrumbó en una silla. Lo siento tanto. Papá, tía. Vale. Sofía las miraba. Tengo frío. Ambos corrieron a su lado. Diego la cubrió con su chamarra. Valentina ajustó las cobijas. ¿Van a quedarse los dos? Sí, dijeron al unísono juntos. Se miraron juntos, confirmó Valentina. Las siguientes 12 horas fueron eternas. Sofía empeoraba. La fiebre no cedía. Diego caminaba como león enjaulado. Necesitas descansar, Valentina, dijo, “No puedo.
¿Cuándo dormiste?” “No importa, Diego. He estado haciendo turnos dobles. Para pagar, da igual.” “¿Para pagar qué?” “Las medicinas de Carmen. Todavía debo 150,000 pesos.” ¿Por qué no dijiste para qué? Para que me dieras limosna. Para que te ayudara. No necesito ayuda. Necesitaba Se cayó. ¿Qué necesitabas? A ti. Solo a ti. No tu dinero. A ti. Valentina lo abrazó. Él resistió un segundo antes de quebrarse. No puedo perderla. Es todo lo que tengo. No la vas a perder.