Y no es todo lo que tienes. No me tienes a mí. Si aún me quieres, siempre te voy a querer. Ese es mi problema. Se besaron desesperados, como si el mundo se acabara. Un pitido de máquinas lo separó. Sofía convulsionaba. Doctor, Valentina gritó mientras Diego sostenía a Sofía. Médicos inundaron el cuarto, lo sacaron. Diego golpeó la pared hasta sangrar. Para Valentina tomó sus manos. No puedo perderla. No la perderás. ¿Cómo sabes? Porque es tu hija, es fuerte como tú.
¿Y si es débil como Carmen? Carmen no era débil, luchó 2 años. Eso no es debilidad. Diego lloró. Por primera vez el funeral de Carmen. Lloró completamente. Valentina lo sostuvo en el pasillo del hospital, sin importarle quién los viera, su celular sonó. Rodrigo, ignoró. Sonó otra vez. El consejo ignoró. Laura perdió el contrato japonés. El consejo convoca reunión de emergencia. Apagó el teléfono. Tu trabajo. Diego dijo, “No importa, Valentina. Nada importa más que esto. ¿Qué ustedes?” El doctor salió estabilizada, pero crítica.
Las próximas horas son cruciales. ¿Podemos verla uno a la vez? Ve tú. Diego dijo, “No, ve tú primero. Su papá es quien necesita.” Diego entró. Valentina lo vio a través del vidrio hablándole a Sofia cantándole. Su celular vibró. No, Rodrigo. No, el consejo. La vecina de Diego. Señora, sé que no me conoce. Soy María. Cuido a Sofia. El señor Diego no ha comido en dos días. Solo quería que supiera. Valentina bajó a la cafetería. Compró sándwiches, café, fruta.
Cuando volvió, Diego estaba dormido en la silla junto a Sofía, sus manos entrelazadas. cubrió a Diego con su saco. Se sentó del otro lado de Sofía. Hola, princesa. Soy yo, tu tía postiza. Tomó su manita. Necesitas mejorar. Tu papá te necesita, yo te necesito. Silencio. Solo máquinas. Sé que me fui, sé que te lastimé, pero estoy aquí ahora. Y si despiertas, si mejoras, prometo no irme nunca. Nunca, nunca. La voz era apenas un susurro. Sofía. Los ojos de la niña estaban abiertos, débiles, pero abiertos.
Es verdad, te quedas para siempre. Papá está aquí dormido a tu lado. Está cansado. Trabaja mucho. Ya no voy a ayudar. Vamos a ser una familia. Valentina miró a Diego dormido, a Sofía esperanzada. Sí, vamos a ser una familia como las normales. Mejor como las reales. Sofía sonrió y volvió a dormir, pero su respiración era más fuerte. Diego despertó sobresaltado. ¿Qué pasó? Despertó. Habló. Va a estar bien. Segura. Prometí no mentirle nunca más. Se miraron sobre la cama de hospital.
Te amo. Diego dijo simplemente. Yo también te amo. Y ahora, ahora peleamos. Por Sofía, por nosotros. ¿Por contra quién? Contra todo, si es necesario. El celular de Valentina explotó en notificaciones. Lo miró. Me están despidiendo. ¿Qué? El consejo. Votación de emergencia por abandono de responsabilidades. Valentina, a tu empresa, que se la queden. No puedes. Mira, le mostró el teléfono. ¿Ves esto? 100 notificaciones. ¿Sabes cuántas veces sonó el teléfono cuando estuve en el hospital hace 3 años con apendicitis?