No es verdad. Entonces, ¿por qué no contesta mis dibujos? Diego no sabía que Sofía había estado enviando dibujos a la oficina de Valentina. Uno cada día, todos regresaban sin respuesta. Mi amor, ¿hice algo malo? No, nunca. Tú eres perfecta. Entonces, ¿por qué se fue como mamá? Mamá no se fue. Mamá. Mamá tampoco quería irse, pero se fue. Y ahora tía vale también. Sofia lloró hasta dormirse. Diego la cargó a su cama el corazón roto. Tomó su teléfono y escribió un mensaje que nunca envió.
La estás matando. Sofía te necesita. Yo te necesito. Por favor. lo borró. El orgullo dolía menos que el rechazo. Valentina leía informes a las 3 de la mañana, insomnio crónico desde que dejó de visitar a Diego. Los números se mezclaban. Un sobre llegó con el correo interno, sin remitente. Dentro una foto. Sofía en su presentación escolar vestida de científica. “Quiero ser como tía.” Vale, decía el cartel que sostenía. La foto estaba fechada ayer. Valentina lloró sobre los informes millonarios.
¿Por qué tan triste? Rodrigo entró sin tocar. Conseguiste todo lo que querías. Vete. El consejo está muy contento. Tu enfoque ha vuelto. Las ganancias suben. Me alegro. Mentirosa. Estás miserable. ¿Qué quieres, Rodrigo? Ya te lo dije. Quiero a mi esposa de vuelta. Nunca fui tu esposa. Fui tu escalera al éxito. Fuiste más que eso. Así. ¿Qué fui? Mi igual. hasta que decidiste que ser igual no era suficiente. Quería ser superior, quería ser respetada. El respeto se gana en la oficina, el amor se gana en casa.
Qué amor, me engañaste porque nunca estabas siempre aquí, siempre trabajando. No justifiques tu traición. No la justifico. La explico y ahora entiendes. No, ahora que elegiste la empresa sobre el guardita, no elegí nada. Me obligaste. Te di opciones. Elegiste la conveniente. Elegí protegerlos. Te elegiste a ti, como siempre. Rodrigo se fue. Valentina miró la foto de Sofía otra vez. La niña sonreía, pero sus ojos estaban tristes, como los de Diego, cuando la miraba ahora en las cámaras de seguridad, que aún revisaba obsesivamente, como los suyos en el espejo cada mañana.
Su celular sonó. Laura, señora, es sobre la niña. Sofia, su escuela llamó. Están tratando de contactar al padre, pero no contesta. Está en turno sin señal. ¿Qué pasó? Colapsó en educación física. La llevan al hospital pediátrico. Valentina ya corría hacia el elevador. Señora, tiene la junta con los japoneses en una hora. Que la cancelen. Pero el contrato, que la cancelen. Llegó al hospital en 15 minutos. Rompió todas las reglas de tránsito. Sofía Morales, 7 años. ¿Dónde está?
¿Es usted familiar? Soy soy su tía. La mentira salió natural. Sala tres esperando resultados. Sofía estaba pequeñita en la cama de hospital, pálida, quieta, como Carmen debió estar. Tía, ¿vale? Su voz era débil. Aquí estoy, princesa. ¿Viniste? Siempre voy a venir cuando me necesites. Mentirosa. No viniste a mi presentación. El cuchillo en el corazón. Lo siento tanto. Papá dijo que estabas ocupada. Estaba equivocada. Nada es más importante que tú. Ni tu trabajo, ni mi trabajo, ni el señor feo de las fotos.