Roberto dudó. Su instinto de conservación le decía que saliera por la puerta, subiera a su Mercedes y fingiera que nunca había estado allí. Eso no era su problema. Era un asunto doméstico, privado y desagradable. Pero el tono en la voz de la mujer… había una angustia tan visceral que le heló la sangre.
Impulsado por una curiosidad mórbida y una pizca de humanidad que creía extinta, Roberto avanzó hacia la cortina.
—¿Rodríguez? ¿Qué pasa? —preguntó, apartando la tela con una mano.
La escena que encontró al otro lado golpeó su realidad como un mazo rompiendo un espejo.
La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz parpadeante de un monitor médico antiguo y ruidoso. En una cama estrecha, rodeado de cables y tubos, yacía un niño de no más de ocho años. Estaba terriblemente delgado, su piel tenía un tono grisáceo y su pecho se convulsionaba en un esfuerzo titánico por obtener aire.
María Elena estaba inclinada sobre él, manipulando una máquina de oxígeno que parecía haber visto mejores tiempos. Estaba golpeando el lateral del aparato con la palma de la mano mientras ajustaba una mascarilla sobre el rostro del niño.
—¡La máquina se traba! ¡Maldita sea, se traba! —sollozó ella, sin mirar a Roberto, totalmente enfocada en su hijo—. ¡Vamos, Mateo, aguanta!
El niño tenía los ojos abiertos, llenos de pánico, clavados en su madre. Sus manos, pequeñas y huesudas, arañaban las sábanas.
Roberto, que era ingeniero de formación antes de convertirse en tiburón inmobiliario, reconoció el problema al instante. No era un problema médico, era mecánico. El compresor del concentrador de oxígeno estaba fallando; el sonido de *carraspeo* del motor lo delataba. Si esa máquina paraba, el niño dejaría de recibir el flujo que sus pulmones colapsados necesitaban desesperadamente.
Sin pensarlo, Roberto entró en la habitación. El espacio era tan pequeño que sus hombros casi rozaban las paredes.
—Aparta —ordenó. No fue un grito, fue una instrucción operativa.
María Elena se giró, sorprendida de verlo allí, con lágrimas corriendo por su cara.